Brujas y Hombres Lobo
Tan profunda era la creencia en los hombres-lobo, que en los siglos XV y XVI se los consideraba en toda Europa como equivalentes a los hechiceros y las brujas, y cualquiera que fuese sospechoso de ser un hombre-lobo era quemado o colgado con la mayor crueldad, especialmente en Francia y Alemania. Como explica Elton B. McNeil en The psychoses (Las psicosis, 1970), al comentar aquella época de flagelaciones, tarantismo (manía de la danza), histerias masivas, fantasías hipocondríacas, proyecciones, alucinaciones, hechizos y hombres lobo.
Esas actitudes reflejaban una psicología influida por la creencia de que «los dioses enloquecen a quienes quieren destruir.» La locura, como expresión de la voluntad de Dios, se convirtió en una epidemia. Su cura consistía en un ritual religioso cuyo propósito era usar a los psicóticos como blanco de la persecución religiosa y reafirmar el valor de los benditos, inocentes y puros. Eran benditos quienes denunciaban a las personas que habían vendido su alma al diablo. La clásica «caza de brujas» fue un subproducto de la búsqueda de la salvación.
La caza de hombres lobo fue una manifestación del mismo tipo de sentimiento religioso; los juicios de brujas y los juicios de hombres-lobo están interrelacionados. Es en Francia, país de brujas, donde son más frecuentes los hombres-lobo. En un período de algo más de 100 años, entre 1520 y 1630, en Francia se registraron nada menos que 30.000 casos de hombres-lobo, hecho documentado en las actas de juicios de hombres-lobo que se conservan en los archivos públicos.
En 1573, en Dole, cerca de Dijon, en el centro de Francia, un hombre-lobo llamado Gilles Garnier fue acusado de devastar la campiña y devorar niños pequeños; tras confesar sus crímenes, ardió en la hoguera.
Unos años después, en 1598, en una zona desolada y desierta cerca de Caude, unos campesinos franceses tropezaron con el cadáver mutilado y manchado de sangre de un chico de 15 años. Un par de lobos que habían estado devorando el cadáver huyeron hacia unos matorrales cuando los hombres se acercaron. Los persiguieron... y casi inmediatamente encontraron un hombre medio desnudo acurrucado en los matorrales, con cabellos largos, barba descuidada y uñas largas que parecían garras y estaban manchadas de sangre fresca y restos de carne humana.
El hombre, Jacques Rollet, era un ser patético, un débil mental que padecía apetitos caníbales. Estaba desgarrando el cuerpo del muchacho cuando fue sorprendido por los campesinos. Es imposible determinar si aparecieron o no lobos en ese caso, o si aquella imagen fue fruto de la imaginación de los campesinos. Pero lo cierto es que Rollet creía ser un lobo, y mató y devoró a varias personas bajo la influencia de esa alucinación. Fue sentenciado a muerte, pero los tribunales de París anularon la sentencia y le encerraron, caritativamente, en un manicomio, una institución donde hubieran debido terminar sus días la mayor parte de los hombres lobo, en vez de ser ajusticiados.
En tiempos más recientes, el fenómeno de los hombres-lobo se ha situado en el reino de la realidad subjetiva, pero sin perder nada de su horror. Se decía que tres hombres-lobo frecuentaban la zona boscosa de las Ardenas, en Bélgica, justo antes de la primera guerra mundial; en la misma época, en Escocia se rumoreaba que un pastor ermitaño de Invernesshire era un hombre-lobo. En 1925 un pueblo entero, cercano a Estrasburgo, declaró que un muchacho local era un hombre lobo y, cinco años después un hombre-lobo francés aterrorizó a la localidad de Bourg-la-Reine.
Hay dos categorías de hombre lobo; hombres lobo falsos o Lycanthropic casos de desórdenes genuinos.
Trastorno Licantrópico es un estado mental en que el sujeto (llamado Lycanthrope), cree que él o ella es un hombre lobo. El tema en realidad no cambia de forma, pero sin embargo es capaz de ser tan peligroso como un hombre lobo real. La mayoría de los casos de supuesta hombre lobo son realmente las obras de las víctimas trastorno licántropo.
Una de las leyendas de hombres lobo provenientes de los Balcanes, asegura que si un hombre bebe en las mismas aguas en las que recientemente haya abrevado un lobo, puede transformarse en licántropo.
En Irlanda se creía que si un fraile era excesivamente severo con sus fieles durante la víspera de Pascuas, estos seguramente se convertirían en lobos. Incluso el célebre San Patricio maldijo a un clan irlandés por su falta de fe, por lo que todos sus miembros se convirtieron en lobos en un plazo de siete años.
Algunas leyendas españolas mencionan que las brujas locales tenían una particular facilidad para convertirse en lobas, y se afirmaba que si una de estas damas observaba fijamente a un infante, éste también pertenecería al selecto clan de licántropos.
En Italia eran menos complicados en cuanto a las posibilidades de transformación, ya que sólo bastaba haber sido concebido durante el plenilunio, o dormir a la intemperie durante los viernes bajo la luz de la luna para pertenecer a la familia de los licántropos.
El hombre lobo podía adquirir varias formas, a veces adoptaba la figura de un lobo negro de enormes dimensiones, o también como un ser de forma humana, pero excesivamente velludo y de profundos ojos rojos. Esta última forma es la que supo tener más representaciones ilustrativas en los grimorios.
Los hombres lobo de la edad media atacaban directamente al cuello, y consumían la carne cruda, aunque no los órganos, sino sólo los músculos y la piel. En general, se pensaba que las brujas podían convertirse en lobas mediante el empleo de ciertas capas con propiedades mágicas.
Esta creencia también logró una especie de metamorfosis, ya que con el tiempo se convirtió en arte. En la fantástica obra de Goya, El vuelo de las brujas, puede verse a una hechicera bajo un manto, momentos antes de adoptar la forma de una loba para acudir al aquelarre.
Durante el apogeo de la Santa Inquisición, no era necesario contemplar a un hombre lobo para detectarlo, ya que existían señales muy precisas para comprobar si un hombre cambiaba su forma durante las noches.
El hombre lobo de Allariz
Todo comienza en el lugar de Regueiro, un pequeño pueblecito de
la provincia de Ourense, el 18 de Nov. de 1809 en el que nace el que será
conocido como "el hombre lobo de Allariz".
Con 21 años se casa con una vecina de Soutelo de
la que enviudará tres años después. Es entonces cuando decide recorrer los
caminos como tendero ambulante, caminos que le llevarán muy lejos de su Regueiro natal,
de los valles de Maceda y Conso, de las Sierras de San Mamede,
de la provincia de Ourense e incluso del reino de Galicia.
Era un hombre mañoso, de esos que dicen "aprendiz de
todo, maestro de nada", fue cordelero, segador, sastre, trabajó la lana
haciendo de hilador o tejedor (labor que en la época era realizada por
mujeres. pero ya desde su juventud tenía fama de ser un poco afeminado). Sus
paisanos decían que era un tipo normal, los forenses lo definieron como de
mirada dulce y tímida pudiendo volverse altiva y feroz o por el contrario,
sumamente serena.
En la Galicia de la época (y en el resto de España), los que cortaban el bacalao eran la nobleza y el alto clero suficientemente diferenciados de
los hidalgos y de los campesinos hacendados. Nuestro protagonista, Manuel
Blanco Romasanta, se llevaba bien con los curas y se manejaba mucho mejor
con los campesinos.
El 21 de Agosto de 1843 desaparecía Vicente Fernández,
alguacil de León que iba a embargar al gallego por una deuda de 600 reales. Las
sospechas confluían en Romasanta, que había puesto tierra por medio y fue
juzgado en rebeldía aunque nadie pudo aportar pruebas, por aquél entonces él se
encontraba de nuevo en su tierra, había abandonado la venta ambulante e
intentaba pasar desapercibido ganándose la confianza de sus paisanos.
Al pasar un par de años empezó a confiarse y paulatinamente
volvió a su oficio de tendero y mujeres y niños empezaron a desaparecer. Cuando
le detuvieron confesó haber matado a trece personas convertido en lobis home (hombre
lobo) por una maldición que le echó alguno de sus parientes en su juventud y
tras los asesinatos tenía alucinaciones en las que se veía rodeado de lobos.
Fue condenado por nueve asesinatos y absuelto de cuatro. Ha
pasado a la Historia como el único caso perfectamente documentado de
licantropía en España (aunque realmente nadie lo creyera en su momento).
Siempre eran presas fáciles, mujeres o niños, mataba a las víctimas con las
manos y la boca y después se las comía.
En tierras de Ourense antes de conocerle como el
hombre lobo, se le conocía como el "Sacamanteigas" (sacamantecas), y
"home do unto" y así se le sigue conociendo en muchas zonas
de la montaña ourensana, incluso muchos piensan que no eran la misma
persona.
Y ¿por qué Sacamantecas?
Decían que se llevaba a los niños y a las mujeres con
engaños, los mataba, les sacaba el sebo o unto y lo vendía con excesivo lucro
(así dicen los legajos), en Portugal. De manera macabra aunque eficaz, aún se
asusta a los niños que no quieren acostarse a su hora diciéndoles que
va a venir el hombre del saco o el sacamantecas y claro se van a la cama, pero
se pasan gran parte de la noche sin dormir con el corazón helado por el
miedo... La "causa contra el hombre lobo" (más de 2000 páginas), se
guarda en el Archivo del Reino de Galicia en A Coruña y los
manuscritos todavía estremecen a los que los consultan.
Fue condenado a muerte por garrote vil. La reina de España,
Isabel II se interesó vivamente por el caso y le conmutó la pena por
cadena perpetua...trasladado de la cárcel de Allariz a Celanova,
su muerte está sumida en el misterio. No hay más datos documentales, unos dicen
que fue trasladado a Ourense, pero no hay referencias de ese traslado,
otros dicen que murió en la cárcel vestido de mujer, o que se le perdió la
pista en los calabozos de Celanova bajo la protección de la casa real y
otros, sienten un terror ancestral al recorrer los caminos gallegos en las
noches de luna llena.
De esta historia se han hecho varias películas y documentales entre
las que cabe destacar la película Romasanta (2004), en la que
participó Elsa Pataki entre, o el documental de Cuarto Milenio, también podéis encontrar bastante información en la utilidad de Google Books que
ya os había mostrado anteriormente simplemente poniendo en el cuadro de búsqueda Romasanta.
Más famoso es el caso ocurrido en Dôle, Franco Condado, en 1573, donde el Parlamento se hizo eco de las denuncias de varias localidades, según las cuales, "en los últimos tiempos se ha visto con frecuencia un hombre lobo, que al parecer ha apresado a varios niños pequeños, a quienes no se ha vuelto a ver".
Se supo que el hombre era un pordiosero errante llamado Jacques Roulet y le juzgaron en la ciudad de Angers en agosto de 1598. Al emitir su veredicto, el jurado tuvo que decidir si Roulet era un hombre convertido en lobo (un werewolf), o un licántropo, que es algo semejante pero ligeramente distinto.
Gilles Garnier, hombre lobo y caníbal
El 9 de noviembre, unos campesinos rescataron a una niña de las fauces de un enorme lobo. Éste escapó, pero algunos testigos creyeron reconocer en la bestia los rasgos de Gilles Garnier, "el eremita de Saint Bonnot". Seis días después, la desaparición de un niño de 10 años provocó el apresamiento de Garnier, quien confesó ser un hombre-lobo y haber matado y devorado a varios niños. La carne de una de sus víctimas le pareció tan exquisita que le llevó un trozo a su mujer. El eremita de Saint Bonnot fue quemado vivo el 18 de enero de 1574.
La intervención diabólica y la relación con la hechicería queda patente en un caso ocurrido treinta años más tarde en las Landas, donde un pastor de 14 años, Jean Grenier, confesó que:
"Cuando tenía diez u once años, mi vecino, Del Thillair, me presentó, en las profundidades del bosque, al Maître de la Forêt, un hombre negro que me hizo una señal con una uña y nos dio a Del Thillaire y a mi una piel de lobo y una pomada. De vez en cuando, corro por el campo bajo la forma de un lobo".
Según su declaración, tras ponerse la piel de lobo y untarse con el ungüento, se transformaba en lobo, aspecto bajo el cual había devorado a más de cincuenta niños de la comarca. El tema del cinturón de piel de lobo reaparece en otro proceso famoso, esta vez alemán. El acusado, Peter Stubbe, afirmaba estar en posesión de un cinturón mágico de piel de lobo, "proporcionado por el diablo", que le daba la capacidad de transformarse en lobo. De esta forma, atacó, violó y devoró a muchas víctimas, entre las cuales se hallaban dos mujeres embarazadas, de las que extrajo el feto para comerse el corazón caliente del mismo.
Puesto que nadie, en esa época, dudaba de la existencia de los hombres lobos, en los que se veía una manifestación del diablo, personas muy sabias disertaban sobre los casos registrados. Pedro Mamor, rector de la Universidad de Poitiers en el siglo XV, no muestra escepticismo alguno cuando comenta el siguiente testimonio: una campesina habría visto a su marido vomitando el brazo y la mano de un niño que habría devorado mientras su cuerpo había tomado la forma de un lobo.
Los anales judiciales registran muchos procesos de los cuales comparecen personas sospechosas de ser hombres lobos. En 1521, en Francia, dos campesinos, Burgo y Vicente, fueron juzgados bajo esta acusación. Sin embargo, uno de los procesos más famosos se desarrolló en el Franco Condado en 1574, cuando se juzgó a un hombre llamado Gilles Garnier, acusado de haber asesinado a muchas personas, entre ellas a varios niños, y de haberlas devorado después de transformarse en lobo.
¿Cuáles fueron las pruebas presentadas?
¡Las de haber ofrecido de esa carne a su mujer! A través de un pacto con el diablo, Garnier adquirió la capacidad de transformase en lobo. Muchos testigos cuentan en el proceso haber tenido conocimiento de este pacto. El mismo acusado reconoce haber utilizado un ungüento mágico para cubrir su cuerpo antes de atacar a sus víctimas.
"Los hombres lobo, son ciertos hechiceros, que al untar sus cuerpos con un ungüento que ellos elaboran con el instinto del diablo, y lo ponen en cierta faja encantada, no sólo a la vista de otros lucen como Lobos, sino que su propio pensamiento tiene la forma y naturaleza de lobos, tan pronto como estos visten la faja mencionada. Y disponen de sí mismos como Lobos, al mordisquear y matar, en especial a criaturas humanas"
"Los ungüentos y las savias en cuestión pueden contener agentes alucinógenos (en particular los derivados de la belladona)".
Richard Verstegan Restitution of Decayed Intelligence, 1628.
Tales eran los puntos de vista acerca de la licantropía a través de Europa Continental cuando Verstegan escribió:
El proceso contra Garnier es muy similar a aquellos en que se juzgaba a hechiceros o brujas y el culpable era condenado a la pena habitual en los casos de hechicería: a la hoguera.
Las muchachitas de Midnapore
La mayor parte de los casos de niños lobos modernos se han registrado en la India, particularmente en la selva de Bengala. La historia más célebre es la de las niñas de Midnapore.
Fueron dos jovencitas, descubiertas en 1920 por un misionero indio, el reverendo J. Singh. Encontradas en la cueva de una loba, las pequeñas fueron conducidas al orfelinato de Midnapore, de donde dependía el reverendo. La más joven fallece rápidamente, sin haber podido caminar ni hablar, y la segunda, aprende penosamente a sostenerse de pie y a pronunciar algunas palabras.
Un caso reciente
Nuevamente en la India, pero en 1976, en la selva de Sultampur, se encuentra un niño de cerca de ocho años, que juega con unos lobeznos. Está hirsuto y sucio y sus uñas son largas como garras. Los aldeanos que lo descubren tratan en vano de civilizarlo y luego lo confían a las Misioneras de la Caridad en Lucknow, al norte de Nueva Delhi, junto a las cuales el niño vive hasta su muerte, en 1985.
Los niños lobo
El tema del niño lobo ha inspirado algunas antiguas mitologías, tal como la historia de Rómulo y Remo, los hermanos fundadores de Roma, cuya leyenda cuenta que fueron criados por una loba. Pero muchos casos de niños alimentados por lobos sucedieron realmente.
En la Europa medieval: En Hesse, en 1341, se registra por primera vez el hecho de un niño criado por lobos. El muchacho, descubierto por unos cazadores, se desplazaba exclusivamente en cuatro patas y saltaba muy alto. Cautivo, no soporta su nueva vida y muere rápidamente. Tres años más tarde, se menciona un nuevo caso de un niño alimentado por lobos. Esta vez, el retorno a la civilización no acarrea la muerte del niño, quien aprende a hablar y vive hasta los 80 años. Los documentos evocan, sin embargo, su tristeza al haber sido separado de los lobos.
Hombres Lobo, buenos o malos
Eso depende como los hayan educado. Pero naturalmente son buenos, al igual que un lobo común solo atacan por defensa o necesidad de comer, pero comen animales como ganado. Excepto si están en su forma híbrida pues no controlan lo que hacen aunque lo pueden dominar. Un hombre lobo forma híbrida no es tan tonto o sanguinario si nos damos cuenta de que tiene la inteligencia de un homo, hábiles lo que lo hace matar gente en luna llena es un instinto de inseguridad.
Epidemia extendida y resistente al paso del tiempo
En 1589, un asunto bastante parecido ocurre en Alemania. Un campesino llamado Pedro Stumf es acusado de haber asesinado y devorado, bajo la apariencia de un lobo, a trece niños, entre ellos a su propio hijo, y de haberse festinado con su cerebro. El culpable fue ejecutado cerca de Colonia.
Pero la licantropía no es sólo un atributo masculino. Las mujeres también son capaces de transformarse en lobos. En Lausanne, en 1604, cinco brujas metamorfoseadas en lobas se llevan a un niño y lo devoran después de haberlo hervido -extraño refinamiento en seres acusados de actuar como animales. Como pareciera que estos hechos fueron comprobados, ellas también fueron quemadas vivas.
La obsesión por los hombres lobos es, pues, inmensa por lo que se organizan en Francia, en numerosas provincias, batidas destinadas a cazar a estas criaturas inmundas. Hasta cerca de 1610, numerosos casos fueron registrados. En el siglo de la razón, el de descartes, el oscurantismo y el fanatismo continúan dando libre curso a un celo asesino. Leyendas que se refieren a hombres que se transforman en lobos son conocidas desde la Antigüedad. El término mismo de “licantropía” viene del nombre de un rey griego, Lycaon, soberano de Arcadia, transformado en lobo por Zeus por haber osado servirle carne humana durante un banquete.
El rigor de los inviernos a fines de la Edad Media y a comienzos de la época moderna así como el temor a los lobos, todavía muy presente en los bosques de Europa entre los siglos XV y XVI, pueden explicar la epidemia de hombres lobos que se produjo en esa época. Pero la convicción de que un ser humano puede transformarse en un animal depredador no es sólo propia del mundo occidental.
La figura del hombre tigre y la del hombre cocodrilo desempeñan un rol análogo a la del hombre lobo en las leyendas indias y africanas, por ejemplo. A pesar de que es imposible que un hombre se trasforme efectivamente en lobo, ello no significa que algunas mentes enfermas no hayan podido creer que ellas mismas son capaces de tal metamorfosis.
Otras Leyendas
Una de las leyendas de hombres lobo provenientes de los Balcanes, asegura que si un hombre bebe en las mismas aguas en las que recientemente haya bebido un lobo, puede transformarse en licántropo.
En Irlanda se creía que si un fraile era excesivamente severo con sus fieles durante la víspera de Pascuas, estos seguramente se convertirían en lobos. Incluso el célebre San Patricio maldijo a un clan irlandés por su falta de fe, por lo que todos sus miembros se convirtieron en lobos en un plazo de siete años.
Algunas leyendas españolas mencionan que las brujas locales tenían una particular facilidad para convertirse en lobas, y se afirmaba que si una de estas damas observaba fijamente a un infante, éste también pertenecería al selecto clan de licántropos.
En Italia eran menos complicados en cuanto a las posibilidades de transformación, ya que sólo bastaba haber sido concebido durante el plenilunio, o dormir a la intemperie durante los viernes bajo la luz de la luna para pertenecer a la familia de los licántropos.
El hombre lobo podía adquirir varias formas, a veces adoptaba la figura de un lobo negro de enormes dimensiones, o también como un ser de forma humana, pero excesivamente velludo y de profundos ojos rojos. Esta última forma es la que supo tener más representaciones ilustrativas en los grimorios.
Los hombres lobo de la edad media atacaban directamente al cuello, y consumían la carne cruda, aunque no los órganos, sino sólo los músculos y la piel.
En general, se pensaba que las brujas podían convertirse en lobas mediante el empleo de ciertas capas con propiedades mágicas. Esta creencia también logró una especie de metamorfosis, ya que con el tiempo se convirtió en arte. En la fantástica obra de Goya, El vuelo de las brujas, puede verse a una hechicera bajo un manto, momentos antes de adoptar la forma de una loba para acudir al aquelarre.
Durante el apogeo de la Santa Inquisición, no era necesario contemplar a un hombre lobo para detectarlo, ya que existían señales muy precisas para comprobar si un hombre cambiaba su forma durante las noches.
Algunos síntomas atribuidos a la licantropía
En Italia, durante el siglo XVI, se pensaba que a los hombres lobo cuando adoptaban la forma humana, ocultaban su exceso de pelo en el interior del cuerpo, es decir, el hirsuto y negro pelaje crecía hacia adentro durante el día para brotar durante la metamorfosis. Existen varias referencias a los pobres diablos que cayeron bajo las garras de esta creencia, quienes eran escaldados por el clero para probar las irrisorias acusaciones de licantropía.
Los procedimientos y procesos contra los hombres lobo son variados y muy numerosos, y los remedios para combatirlos son tantos que sería imposible describirlos a todos, por lo que sólo daremos cuenta de los más célebres, lo que no quiere decir que sean los menos absurdos.
En Francia se creía que el único modo de matar a un hombre lobo era extraerle tres gotas de sangre; tarea que seguramente es más complicada que inverosímil. Por si la dificultad fuese de por sí escasa, la tradición quiere que la extracción de las tres gotas tenga lugar durante la metamorfosis.
En los Balcanes fueron más prudentes en este sentido, ya que bastaba con darle al licántropo una infusión de acónito (una planta medicinal) para eliminarlo.
Para aquellos fundamentalistas de la tradición, les advertimos que la creencia en las balas de plata como medio de matar a un hombre lobo, se remonta precisamente a la época en que las balas fueron inventadas. Mi búsqueda de casos de leyendas de licántropos eliminados mediante el disparo de balas de plata anteriores a la invención de la pólvora, han dado resultados negativos.
Aclaramos que no sólo basta una bala de plata para matar a un hombre lobo. El asunto es un poco más complicado, ya que la bala debe estar confeccionada con la plata de algún objeto religioso o sagrado, y luego santificada por un clérigo o leguleyo.
El lobizón
También conocido en otras regiones sudamericanas como lobisón, lubisonte y luisón, es un equivalente al sinónimo sudamericano del hombre lobo europeo.
La leyenda dice que el lobizón es el séptimo y último hijo de Tau y Kerana, en quien sobre cayó la mayor maldición que pesaba sobre sus progenitores (esto último, según la Mitología Guaraní), que en las noches de luna llena de los Viernes; y/o Martes se transforma en un "animal" que mezcla las características de un perro muy grande y un hombre (otras veces, también, mezcla las características de un cerdo).
Para la transformación, el maldecido, comienza sintiéndose un poco mal; por ejemplo comienza sintiendo dolores y malestares, luego , presintiendo lo que va a venir, busca la soledad de un lugar apartado, como la partes frondosas del monte, se tira al suelo y rueda tres veces de izquierda a derecha, diciendo un credo al revés. El hombre lobizón se levanta con la forma de un perro inmenso, de color oscuro que va del negro al marrón bayo (dependiendo del color de piel del hombre portador de "la dos brasas encendidas, patas muy grandes que son una mezcla de manos humanas y patas de perro, aunque otras veces, también tienen forma de pezuñas y que despide un olor fétido, como a podrido. Luego se levanta para vagar hasta que caiga el día. Cuando los perros notan su presencia le siguen aullando y ladrando, pero sin atacarlo, por donde vaya. Se alimenta de las de heces de gallinas (por eso se dice que cuando el granjero ve que el gallinero esta limpio, es porque el lobizón anda acechando por el lugar), cadáveres desenterrados de tumbas y de vez en cuando come algún bebé recién nacido que no haya sido bautizado.
El lobizón es reconocido porque:
- Son hombres flacos y enfermizos, que desde niños, fueron personas solitarias y poco sociables.
- Cae siempre en cama enfermo del estómago los días después de su transformación.
- El hechizado vuelve a su forma de hombre al estar en presencia de su misma sangre, así, al ser cortado, recuperará su verdadera forma.
- Se vuelve enemigo a muerte de quien descubre su sagrado secreto y no se detendrá hasta verlo muerto.
Para matar a un lobizón se tiene que hacer con un arma blanca o con una bala bendecida.
Para alejarlo, ante su presencia, se debe arrodillar y rezar un padre nuestro, realizar la señal de la cruz, arrojarle agua bendita o un tizón al rojo vivo y/o también botellas rotas. El hombre-bestia puede volver a pasar su maldición, pasando por debajo de las piernas de otra persona, así el queda curado y el otro hombre queda maldecido. Al matarlo el se transformara en humano nuevamente y así podrá ser liberado del mal que lo acosa.
Las diferentes historias, por lo general, no muestran al ya nombrado lobizón como una bestia agresiva con los humanos, si no que más bien pacífica aunque hay que estar siempre alerta ante un posible ataque, ya que no es una bestia amigable.
Algunos casos de Lobizónes en Argentina
El Lobizón de Chivilcoy
Según una extensa investigación realizada por el relator y sociólogo popular Angulino, el primer caso de Hombre Lobo que se tenga registro en la Argentina, ocurrió en la ciudad de Chivilcoy, Pcia. de Buenos Aires, cerca del almacén “La Colorada” (aún hoy está funcionando este almacén), en el camino que une Chivilcoy con Moquehuá. Esto fue alrededor del año 1877.
La familia que tuvo siete hijos varones seguidos (el más chico que se transformaba en Lobo tenía en ese entonces 19 años), malvendió su campo y se fueron a vivir a la provincia de Mendoza. Los que saben el apellido de esa familia dicen que trae muy mala suerte mencionarlo. Contaba el peluquero José Elías (1903 / 1991) que él en su juventud abrió una peluquería en Henry Bell (cerca del almacén “La Colorada”) y llegó a cortarle el pelo al Lobizón, ya que éste en su vejez regresó a Chivilcoy para conocer el lugar donde había nacido. El ex “Hombre Lobo” le contó al peluquero Elías que se convirtió en Lobo por más de tres años las noches de luna llena (primero en Chivilcoy y después en Mendoza), hasta que su padre (que era ateo), aceptó rebautizarlo en siete iglesias distintas y que el padrino sea su hermano mayor.
Según el equipo de antropólogos NAyA, en Argentina la costumbre de que el hermano mayor sea el padrino, se cambió luego por el padrinazgo presidencial. Se sabe a través de relatos orales, ya que los archivos se quemaron a mediados del siglo pasado, que en 1907 se realizó el primer bautismo con padrinazgo presidencial para revertir el maleficio, en la localidad de Coronel Pringles. Un inmigrante ruso padre de un séptimo hijo varón importó una tradición que cumplían rigurosamente los zares. En 1973 el presidente Perón legalizó a través del decreto 848 una costumbre que ya se había generalizado en la práctica. Según el decreto los padres pueden optar por el padrinazgo "moral" (ya que raramente concurren) del Presidente de la Nación. Asimismo, los integrantes de la División de Padrinazgos de la Casa de Gobierno se encargarán de hacerle llegar una medallita de oro y un diploma conmemorativo. También tendrán una beca para sus estudios primarios y secundarios.
Un par de semanas después un vecino de calle 1° de mayo ve un animal similar que está rodeado por perros, cuando esta cosa ve a esta persona se aleja rápidamente.
Varias son las hipótesis sobre la naturaleza de este ser, pero la más difundida es que podría ser una rara variedad de perro llamada Araguará Guazú, un canino de gran tamaño, aspecto desgarbado y grandes zancos, por lo que se encuentra casi extinto debido a que se los mataba creyendo que eran lobizones. Sin embargo, éste animal no tiene la facultad de pararse en dos patas, como los testigos aseguran que haría el presunto lobizón.
Bestia Asesina
En Estados Unidos, en 1946, una reserva de indios navajos padeció con frecuencia las tropelías de una bestia asesina a quien muchos consideraban un hombre-lobo (las tradiciones de los navajos incluyen muchas historias de hombres-lobo). Tres años después, en Roma, una patrulla policial fue enviada a investigar la extraña conducta de un hombre que padecía alucinaciones: perdía el control cuando la luna estaba llena y emitía aullidos fuertes y aterradores.
En Singapur en 1957, también se llamó a la policía para que investigara lo que las autoridades consideraban una larga serie de ataques de hombres-lobo a las ocupantes de una residencia de enfermeras en la isla principal. Una enfermera despertó y vio «una cara horrible y peluda, con grandes colmillos salientes», que, la miraba fijamente. El misterio nunca fue resuelto, y tampoco el caso de la colegiala de 16 años de la localidad de Rosario do Sul, en el sur del Brasil, que en 1978 sufrió «terribles visiones y demonios» y que creía que el espíritu de un lobo salvaje se apoderaba de ella y la dominaba.
En 1975, los diarios británicos estuvieron llenos de extraordinarios informes acerca de un joven de 17 años, residente en Eccleshall (Staffordshire), quien, creyendo que se estaba transformando en un hombre-lobo, puso fin a sus padecimientos mentales clavándose una navaja en el corazón. Uno de sus compañeros de trabajo dijo en la investigación que el joven le había llamado por teléfono antes de morir. «Me dijo -contó el testigo- que su cara y sus manos estaban cambiando de color y que se estaba transformando en hombre-lobo. Calló, y después empezó a gruñir.»
Puede que la tradición de los hombres-lobo se apoye en la ignorancia y las alucinaciones, pero su influencia siempre ha sido extraordinariamente poderosa.
¿Cuál es la verdad sobre los Hombres lobo?
A diferencia del monstruo de Frankenstein o los zombies, la leyenda del hombre lobo, junto a la del vampiro, es uno de los relatos sobrenaturales más tradicionales y universales en la historia del hombre. El concepto de hombre lobo ha variado a través de los siglos y culturas, aunque en esencia siempre ha sido el mismo: un hombre es transformado en una bestia feroz de manera involuntaria, a causa de una fuerza mayor, como puede ser la brujería o una maldición.
Fue durante la Edad Media, en Europa, cuando el mito cobró especial trascendencia por sobre el resto del mundo. El lobo era un animal muy común en los vírgenes bosques del territorio europeo, y su instinto feroz lo obligaba a frecuentar aislados ataques contra los humanos. La gente le temía y permanecía en sus hogares durante la noche. Se creía en el mito del hombre lobo de manera casi unánime, y la fe podía más que la razón –sobre todo en la Edad Media–. Está claro que los hombres lobo no existían de verdad. Al menos no como los vemos ahora en las películas, o como se los imaginaban particularmente en la Edad Media. Pero, ¿podía existir alguna explicación lógica a toda esta histeria colectiva?
El cine y la literatura ayudaron a fortalecer el mito en nuestra época. Aunque a veces de manera irrisoria.
Recientemente, algunos estudios han identificado al cornezuelo, un hongo venenoso que crece en las cosechas de centeno, como el responsable de todo. Este hongo produce efectos alucinógenos, histeria y paranoia masivas sobre poblaciones enteras. Incluso, el LSD es un derivado directo del cornezuelo. Los efectos del hongo, sumados a la masiva presencia de lobos en los bosques de Europa, daban como resultado una explicación científica de la presencia del hombre lobo durante la Edad Media.
Sin embargo, la teoría del cornezuelo nos queda un tanto vaga porque deja muchas hipótesis sin resolver en su camino. Por ejemplo, ¿cómo se explicaría la creencia del mito del hombre lobo en rincones del mundo donde la cosecha de centeno no es habitual? Y si la teoría del cornezuelo realmente daría cuenta de la existencia del hombre lobo producto de una alucinación masiva, ¿por qué no se utiliza también para explicar las miles y miles de leyendas que habitan en todas las culturas del mundo?
Existen otras teorías científicas al respecto: teorías psicológicas, antropológicas, clínicas, pero ninguna nos convence tanto como la Hipertricosis. La Hipertricosis es un estado –no una enfermedad– que sufren algunos seres humanos, muy pocos, que recubre las partes del cuerpo –normalmente el rostro– con una cantidad de pelo que varía su intensidad según el nivel de la condición. Hasta hace pocos años atrás, la Hipertricosis continuaba siendo una condición muy poco difundida.
Estudios recientes indican que los primeros casos de Hipertricosis datan de la Edad Media. El mismísimo rey Enrique II de Francia, supremo líder de ese país hacia fines de la Edad Media, contaba entre sus raros especimenes con un pequeño niño de 10 años de edad nacido con Hipertricosis. El niño acabó mostrando grandes aptitudes, y pronto se convirtió en el sirviente preferido del rey en la Mesa Real francesa. ¿Podría haber sido la Hipertricosis, entonces, la causa de la creencia generalizada en el hombre lobo? Podría serlo. No resulta tan descabellado pensarlo.
Manuel Diaz Acevez trabajaba en un circo, y ayudó a convertir a la Hipertricosis en un tema trascendente. Murió de causas naturales en el 2003, a los 65 años. Sólo se cuentan unos 50 casos de Hipertricosis hasta la fecha. Aquellos que la sufren pueden realizar una vida completamente normal.
Lo que la Hipertricosis no explica son los numerosos asesinatos y violaciones producidas durante la Edad Media en nombre del hombre lobo, tanto por parte de acusados como acusadores. Así es. Los hombres acusados de tales crímenes alegaban haberse transformado en lobos, para así justificar las violaciones que producían.
Otros apenas caían presos de los argumentos de los inquisidores, imposibilitados a exponer su versión de los hechos. Algunos crímenes alcanzaban a incluir la ingesta de distintas partes del cuerpo de la víctima. Lo que no se sabe a ciencia cierta es si entre los tantos acusados de estos crímenes podría haberse incluido alguna persona que sufra de Hipertricosis, y así haber podido elevar aún más la histeria popular de la época entorno al hombre lobo.
Al final de la Edad Media este tipo de casos concluyeron en una apreciación en común: los acusados eran simples enfermos mentales. Así, como quien no quiere la cosa.